Concierto de ensueño en la Basílica de la Macarena
El pasado viernes 20 de marzo, a las 21:00 horas, la Basílica de la Macarena fue escenario de una de esas citas que trascienden lo musical hasta convertirse en oración.


La Banda de Cornetas y Tambores Esencia ofrecía un concierto enmarcado dentro de los actos de su XX Aniversario, en un lugar de profundo significado para gran parte de sus componentes.
La noche comenzó incluso antes de cruzar las puertas del templo. Bajo una lluvia que no hizo sino dotar de mayor épica al momento, el sueño comenzó a materializarse. Numerosos asistentes se agolpaban en el atrio ante la imposibilidad de acceder al interior, formando un pasillo humano para recibirnos.
Partimos desde debajo del mismísimo Arco de la Macarena —monumento que llevamos con orgullo en nuestro propio escudo, junto al puente de Triana— a paso lento. Tras dos compases de tambor, la corneta marcó La Sentencia de Cristo, de Manuel Pérez Tejera. Avanzamos hasta la puerta de la Basílica, deteniéndonos en el dintel, donde la marcha encontró su culminación antes de que la formación accediera al interior y tomara su disposición.
La Basílica presentaba un lleno absoluto. Justo a sus pies, con la Virgen de la Esperanza a nuestra espalda, amparándonos desde su camarín, la banda se situaba en una estampa de enorme simbolismo. Para muchos de nuestros integrantes, hermanos de la Hermandad de la Macarena, aquel momento iba más allá de lo interpretativo. Las medallas al cuello, las miradas y los gestos evidenciaban la emoción contenida de quienes sabían lo que significaba estar allí.



El acto estuvo magistralmente conducido por Miguel Ángel Oliver, quien ha presentado a la banda en numerosas ocasiones y al que nos une una gran amistad. Oliver nos introdujo antes de que sonaran los primeros acordes de Jesús, el Rico, de Alberto Escámez López; abriendo un repertorio que combinó marchas clásicas de autores como Alberto Escámez López y Ramón Montoya Molina, junto a composiciones más actuales plenamente integradas en la identidad de la formación.
Entre las interpretaciones, el discurso puso en valor los veinte años de historia de la formación, su identidad sonora, fiel al estilo clásico y puro de cornetas y tambores —sin más voz que la corneta y el pulso del tambor—, un sonido directo, sobrio y reconocible que conecta con la raíz más auténtica de este género, así como los lazos que la unen a otras bandas, como la del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga, considerada Madre y Maestra del estilo, algunos de cuyos miembros quisieron estar presentes y compartir este momento con nosotros.
El programa fluyó con un clasicismo incontestable: a Nuestra Señora de Consolación y Lágrimas y Evocación, ambas del maestro Escámez, le siguieron La Lanzada, de Ramón Montoya Molina; En tu Calvario, de Enrique León Serrano; la majestuosa El Desprecio de Herodes, de José Manuel Reina Romero y Rafael Vázquez Mateo; y Maestro, de Dionisio Buñuel Gutiérrez. La inmensa entrega y el alma que la formación puso en cada nota se encontraron con un público absolutamente entregado.
Posteriormente, sonaron De Sevilla a Triana, de Manuel Alejandro González Cruz, «Dedicada a todos aquellos músicos de las dos orillas que están y pasaron por nuestra banda»; y estrenada el pasado 21 de febrero en la iglesia conventual del Santo Ángel. Como cierre, Macarena, de Bienvenido Puelles Oliver, fue interpretada según su partitura original.
La interpretación de De Sevilla a Triana despertó una reacción especialmente expresiva del público, con voces de admiración que rompieron el silencio habitual del templo. Tras los sones de Macarena, el público respondió con una ovación prolongada y sentida, reflejo de lo vivido durante toda la noche.
Como broche final, la interpretación de la Marcha Real puso en pie a todos los presentes, en un ambiente de solemnidad absoluta.
Más allá de lo estrictamente musical, la noche dejó imágenes imborrables: miradas elevadas hacia la Virgen antes de cada entrada, gestos de recogimiento, emoción contenida y lágrimas que, en algunos casos, no pudieron disimularse. La profunda vinculación de la banda con la devoción macarena, presente incluso en su identidad, se hizo patente en cada detalle.


La presencia de miembros de la junta de gobierno de la hermandad y el intercambio de recuerdos entre ambas instituciones subrayaron el carácter especial de la cita.

La Banda de Cornetas y Tambores Esencia firmó así una noche para el recuerdo, donde la música volvió a convertirse en oración a los pies de la Esperanza.
Aprovechamos estas líneas para reiterar nuestro agradecimiento a Miguel Ángel Oliver por presentar por enésima vez a nuestra formación con la efusividad y sentimiento que le caracterizan, así como a toda la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Macarena por recibirnos en su templo y poder poner nuestros sones ante sus titulares.